No voy a hablar de la #spanishrevolution porque en mi opinión ya hay saturación de información y porque probablemente pueda aportar poco más a lo que, mejor y peor, ya se ha dicho. Que cada uno elija su medio favorito y se informe. Sin embargo, sí quiero hablar de una revolución, más personal, que tendría que empezar en cada uno de nosotros: la revolución del consumidor.
¿Cuál es la motivación para "rebelarse" de esta forma? Se avecinan unas elecciones. Los políticos se pelean por convencernos de lo que van a hacer en los próximos cuatro años (y no han hecho en los cuatro anteriores). Mientras, el ciudadano de a pie siente el poder en su voto. O eso quieren que creas. Lo que es seguro que es tras el 22-M, al igual que tras muchas elecciones en este país, pocas cosas van a cambiar. Y ojo, no es que haya perdido la esperanza en los políticos. Es que realmente no son ellos quienes gobiernan, sino los actores del tejido económico que nos envuelve.
Tranquilos. No voy a escribir un post con el rollo el-capitalismo-es-malo-pero-no-te-ofrezco-alternativas ni ningún contenido de esos cargado de ideología (y falto de contenido, como es normal en ese tipo de discusiones etéreas). Mi visión es más pragmática: en una sociedad capitalista gran parte de nuestra vida está determinada por las acciones de diversas empresas, bancos, etc, con los que interactuamos (en términos económicos). Esto no es ni malo ni bueno, es un hecho. Por poner un ejemplo, todos tenemos teléfono móvil, una cuenta bancaria y probablemente más de un ordenador en casa. Da igual quien gobierne tras las elecciones pues esto no cambiará. Estos actores económicos en cierto modo, gobiernan tu día a día. Pagas con parte de tu trabajo a ellos para que te proporcionen unos servicios. Y repito, esto no es malo. Hasta que encontramos a empresas que no siguen unas reglas de un juego ético. Y, al igual que el movimiento político surgido recientemente, quiero pedirte que "no les votes". Es decir, que no tengas tratos con empresas manifiestamente inmorales.
La visión que quiero presentar en este post es simplemente la de intentar abrir los ojos sobre la responsabilidad del consumidor en la subsistencia o no de estos actores económicos. A menos clientes, la empresa trata de lavar su imagen (que ya es algo) o incluso, en el peor (para ellos) de los casos, desaparecería. Quizás el pedir que se dejen de consumir ciertos productos o que se deje de tratar con ciertas entidades puede parecer simplista. Pero hacerlo te convierte en sujeto activo de una pequeña revolución. La revolución del consumidor. También es simplista esgrimir el argumento de "todos son iguales y por tanto no me preocupo por seleccionar las mejores alternativas". Porque no todas son iguales. Hay muchas empresas que sí dan un trato decente a sus trabajadores, a sus clientes, y que son respetuosas con el medio ambiente. Y es que, no hay más ciego que el que no quiere ver (o el que ni se preocupa por abrir los ojos).
La pregunta es clara: ¿por dónde empiezo mi revolución? Depende de ti y de a qué dediques tu consumo. Como pistas generales (no voy a despotricar contra compañías directamente) yo te animaría a que comenzaras comprobando las siguientes cinco áreas:
- Tecnología: ordenadores, teléfonos móviles, cámaras fotográficas, etc. ¿Son tus dispositivos suficientemente ecológicos (echa un ojo para ver una clasificación de marcas según Greenpeace). ¿Cumplen las fábricas unos estándares mínimos de decencia con los trabajadores? (Como ejemplo negativo de esto, tenemos a Foxconn, la fabricante de los productos Apple y muchos más).
- Ropa: internet está lleno de datos sobre qué países fabrican la ropa para las grandes marcas. En algunos casos es fácil incluso ver fotos de los talleres. En este tipo de producto, un precio muy bajo suele ser sinónimo de una fabricación en bajas condiciones laborales, por mucha calidad que tenga el producto final (que luego resulta no tener). Ojo, un alto precio no garantiza a priori nada, pero al menos no es tan sospechosos como unos vaqueros por 10€. Y aunque no te lo imaginases, una nimia decisión estética en el primer mundo acaba sesgando vidas en un empobrecido país lejano.
- Bancos: la banca es donde más dinero nuestro ponemos a disposición. Necesariamente se requiere una cierta información sobre qué pasa con nuestros ahorros. Por lo pronto, lo que parece que está claro es que hay pruebas que vinculan a ciertas entidades con fábricas de armas y con guerras. Y luego está lo que no se sabe (que será mucho). En principio, las cajas de ahorro realizan una mayor inversión en proyectos culturales y sociales (la llamada obra social), aunque "nunca se sabe". Si te interesa el tema, tal vez te resulte interesante algo de información sobre la banca ética.
- Telecomunicaciones: este sector cada vez más va a estar más presente en nuestras vidas. ¿A quién confías la tarea de comunicarte con tus seres queridos? ¿Al que te da un mejor precio? ¿A qué coste? No voy a poner enlaces hacia el despido masivo (20% de la plantilla) de Movistar, o hacia los (muchos) suicidios en France Telecom (propietaria de Orange). Las puntocom son compañías creadas (o infladas) en pocos años y que en algunos casos, se aprovechan al máximo de sus trabajadores buscando maximizar el beneficio (y captar más clientes). ¿Te ha atendido alguna vez una persona de Sudamérica de forma telefónica? ¿No te has planteado por qué han externalizado ese servicio allí? ¿Conoces qué hace tu compañía fuera de este país? (Míralo, lo mismo te sorprendes negativamente).
- Comida: el punto estrella, pero del que menos se habla. Día tras día conocemos noticias de compañías cuyas prácticas son del todo menos ecológicas, que tratan a sus trabajadores con desprecio o que intentan engañar al consumidor. Y con "comida" no me refiero solo a los productos en sí, sino a los supermercados. Huye de los precios baratos, de los súper-envoltorios, de lo no reciclable, de los súper-explotadores. Y en general, si puedes, no compres productos de importación. Vivimos en un país agrícola. No hay motivo para comprar aceite de Líbano, naranjas de Marruecos, espárragos de México o manzanas italianas. Por muy baratas que sean, su huella ecológica es muy elevada (sobre todo si vienen de América). Plantéate que a veces lo barato para ti es caro para el medio ambiente, y que ciertos cultivos no pasan unos controles de calidad (que sí hay en este país) usando pesticidas peligrosos y abaratando la producción a costa de la seguridad del consumidor y del agricultor.
Y esto es todo. Me dejo cosas en el tintero como empresas de transporte (aerolíneas que viven de subvenciones, arruinan a sus competidores que no reciben dinero público, explotan a sus trabajadores, pero nos montamos en ellas porque es barato y es guay), discográficas, petroleras, locales de ocio (¿hace falta hablar de algunas discotecas?), etc. Creo que cualquiera sería capaz de completar esta lista con áreas y ejemplos concretos en las que un consumidor responsable debiera saber que, al mínimo atisbo de inmoralidad, tendría que sentir la necesidad de cambiar sus hábitos de consumo, como si de cambiar de voto se tratase. Se aceptan sugerencias.

2 comentarios:
Genial, me encanta! lo comparto!
Me gusta tu blog, lo acabo de descubrir. Saludos.
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